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Tour por barrios de la CDMX: de "tocho morocho" 

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El barrio es bravo

Más que la delimitación de un número de cuadras y calles, el barrio es un sentimiento. Es cultura, identidad, tradición y leyenda.

 

Ya lo dijo el gran maestro Alfonso Hernández, cronista de Tepito: en el barrio “las gestas, los gestos, las señas, los silbidos y el espíritu colectivo, con la sombra de identidad con la que el barrio infunde respeto y ole cobra caro el impuesto a la ingenuidad a los chilangos, que de lengua no se comen ni un taco de ojo, de sesos o de tripa”.

 

Estos barrios de la CDMX, La Merced, La Lagunilla y Tepito, a los que regresamos ahora con un lente muy acá según para investigar qué pasa con el turismo ahí, son tres de los barrios más chingones de la capital.

 

Son famosos por su tradición comercial, son celebrados por los sabores de tanta garnacha de la buena que hay, y son temidos porque ahí todo mundo está a las vivas. 

 

Tepito, pa’ empezar, es el barrio más barrio, el más canijo y el más prolijo. Hoy el tianguis lo integran más de 12 mil puestos para comprar lo que quepa en la imaginación y más. 

 

Dizque se llama así porque en náhuatl la gente local se refería al teocalli  (templo), tepiton (pequeño), precisamente por un templo pequeño en honor a San Francisco. 

 

Además, se le reconoce la bravura porque fue ahí donde se atrincheró el emperador Cuauhtémoc durante la invasión. De ahí que se diga que Tepito existe porque resiste, algo que se ha demostrado en muchas variantes de la vida del propio barrio, desde su cultura, su jerga, su comida, hasta sus claroscuros que riñen de vez en vez con alguna que otra ley.

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La Lagunilla: otro nivel de barrio

 

Ahí junto está La Lagunilla, que originalmente era un pequeño cuerpo de agua que venía del gran lago de Texcoco y que se conectaba con Tenochtitlán y Tlatelolco a través de las acequias, que es como la gente culta le dice a las calles de agua donde esos güeyes se transportaban dentro de balsas o trajineras. 

 

Ahora, es uno de los principales mercados con sus naves temáticas, donde uno puede comprar de todo y más allá. Que si el mueble, que si la ropita, que si la antigüedad calada y garantizada, así como comida gourmet y hasta para apagar la sed, ¡cómo no!

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"La Meche" nunca descansa 

Y La Merced ya es otro nivel. El barrio lleva el nombre en honor al monasterio de Nuestra Señora de la Merced de la Redención de los Cautivos.

 

Aquí se consolidó esta central de abastos que ahora la nutren once mercados. Los que más fama han jalado con el tiempo son la Nave Mayor, el Mercado de Las Flores, el Mercado de los Dulces y el Mercado de Sonora, ¡claro que sí!

 

En La Merced la tragazón está a la orden del día. No se salva nadie. Pa’ probar pozole, quesadillas, tlacoyos, tacos de suadero, de pastor o lo que gustes; además de chapulines, jumiles y cuando antojito se ponga enfrente. Sin olvidar a las míticas pulquerías y su bebida espirituosa. En el Mercado de Sonora hay hasta para empacharse de altares, pociones quita calzón, jabones atrapa maridos, lociones contra envidias, y todo tipo de hierbas para salir de la maldición de la pobreza.

El maestro Alfonso Hernández decía que en el barrio, “para ser identificado y reconocido, hay que aprender a ver, oír y palparlo todo, evitando caminar con paso de galería o de supermercado, hasta sentir el aquietamiento emocional que disuelva la adrenalina. Ya que la metafísica de la identificación barrial es la que elimina el piojo de la ignorancia, del atavismo tepiteño, cuya ritualidad se expresa en lenguaje corporal, gestual, verbal y visual”. 

 

En los barrios y pueblos originarios vive ese patrimonio cultural de la ciudad que refuerza el sentido de pertenencia, el orgullo de ser mexicanos, la explosión de sabores y artes que atrae a propios y extraños y los transforma. 

Una vez le hincas el diente al taco de hígado encebollado de la familia Ramírez Moranchel, pruebas el tepache de los Taquitos de la Suerte o te quemas el buche y saboreas el plato caldoso de Las Migas en Tepito, no vuelves a ser quien eres. 


Los barrios son vida y la vida hay que vivirla. Hay de todo para todos los gustos y hay que conocer antes de juzgar. Curiosos siempre ha habido y el turismo crece cada vez. 

¿Quieres saber más?

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